Limpiamos los boquerones. En primer lugar lo que tenemos que hacer es decirle al pescadero/a que nos limpie bien los boquerones o sino, los limpiamos nosotros. Para ello, los ponemos debajo del grifo y los vamos repasando con el dedo por todos lados para quitar escamas e impurezas.A continuación les quitamos la cabeza, la espina y las tripas. Para ello, haciéndo un corte debajo de la cabeza hasta el final de la cola nos servirá para que al tirar de la cabeza nos salga la espina también. Después con la ayuda del dedo y teniéndo el boquerón debajo del agua vamos quitando las tripas. Congelamos los boquerones. Como vamos a comer el pescado en crudo, es altamente recomendable congelarlo durante varios días para evitar el anisakis. Éste proceso puede hacerse antes de limpiarlos, no influye para nada en la receta. Podemos congelarlos primero y limpiarlos después. Separamos los boquerones y los secamos. Una vez limpios los vamos a ir separándo en dos partes. Y para iniciar el proceso tenemos que asegurarnos de que estén bien secos, así que para ello los pondremos sobre papel de cocina para que vaya absorbiendo toda la humedad posible.
Salamos los boquerones. Una vez que estén secos, vamos a ponerlos en un recipiente a salar con sal gruesa. Para ello cubrimos bien el fondo del recipiente de sal gruesa y a continuación vamos colocando los lomos del boquerón sobre la sal sin que se toquen unos con otros. Cuando hayamos hecho una primera capa de boquerones sobre la sal, volvemos a cubrirlo de sal para iniciar otro piso de boquerones y así hasta que los tengamos todos cubiertos. En la última capa lo cubrimos también de sal gruesa que no quede ningún boquerón a la intemperie. Tapamos los boquerones y a la nevera. Cuando los tengamos cubiertos de sal, los vamos a tapar bien con papel film para que no entre nada de aire en el interior y los vamos a meter en la nevera 48 horas.
Volvemos a limpiar las anchoas. Una vez curados y salados en la nevera, los ponemos debajo del grifo para quitarles toda la sal. Quitada la sal inicial los metemos en un bol con agua para asegurarnos que están bien limpios.
Secamos los anchoas. Quitada bien la sal, tenemos que volvelos a secar bien. Así, para ello, volvemos a utilizar el papel de cocina que absorbe muy bien la humedad y vamos secándolos uno a uno.
Los ponemos en aceite de oliva. Cuando ya están bien secos metemos las anchoas en un tarro de cristal hermético. Cuando estén bien dispuestas rellenamos el tarro con aceite de oliva vírgen extra y ya están listas para ser consumidas.